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CAUSAS

La problemática de la violencia adolescente y juvenil es compleja, pues están involucrados aspectos familiares, económicos, sociales y culturales. De allí que la intervención requiera de la participación de diferentes agentes sociales y servicios, en forma complementaria, concertada y coordinada.

aqui tenemos algunas causas:

La desintegración familiar y el abandono moral

Es la principal causa para que los adolescentes y jóvenes se integren a las pandillas. La familia como institución básica de la sociedad está en crisis; hay un alto porcentaje de separaciones y abandono familiar. Por otro lado, la ausencia de los padres, empujados por la crisis a dedicar más tiempo a la obtención del ingreso familiar, genera un vacío que la sustitución de la crianza de los hijos por otros familiares o conocidos no puede llenar. Las presiones económicas obligan a ampliar los horarios de trabajo y a eliminar los momentos dedicados a la integración familiar, la afectividad y la recreación entre padres e hijos, elementos importantes en su formación. Este estado de abandono familiar y moral en diferentes grados y formas, algunos de ellos violentos y traumáticos, contribuye a que los jóvenes y adolescentes que proceden de estos hogares sean fácilmente captados por las pandillas, en las que encuentran el apoyo, afectividad, identificación y referencia grupal que no encuentran en su propio entorno familiar.

La desocupación y el desempleo

Si para el común de los jóvenes es difícil conseguir un empleo, para quienes están involucrados en pandillas, esto resulta mucho más complicado, pues están en desventaja frente a los demás, debido a su menor nivel educativo, y menores capacidades y habilidades; esto sin considerar la carencia de recomendaciones, “imagen personal”, y los prejuicios y desconfianza que generan en sus potenciales empleadores. Por otro lado, debido a su aislamiento social, no tienen acceso a participar en programas de promoción del empleo juvenil. Cuando se les pregunta a ellos, a sus familiares o a la gente de su barrio por qué realizan actos violentos, la respuesta más común atribuye a la “ociosidad” como la motivación principal. Es evidente, entonces, que un tratamiento integral al pandillaje tiene que contemplar entre sus alternativas, promover el empleo y la formación técnico laboral de estos adolescentes y jóvenes como una vía clave para incorporarlos adecuadamente a la sociedad. En Perú, la población desempleada comprendida entre los 14 a 24 años de edad es de 13,1%, mientras que la subempleada llega al 49,9% (INEI. Proyección 1999). Es decir, 63% de nuestros jóvenes están desempleados o subempleados. En Comas, el 48,7% de los jóvenes realizan alguna actividad laboral por la cual perciben un ingreso; sin embargo, su inserción en el mercado laboral se da en condiciones de subempleo y bajos salarios.

La violencia social y familiar

Después de más de diez años de violencia social en nuestro país, las nuevas generaciones han crecido en una sociedad que ha convivido con la muerte y la destrucción, y, principalmente, con la pérdida del respeto a la vida; el desprecio a la autoridad y las leyes; al derecho de los demás, ideas y actitudes que promovieron tanto los grupos subversivos como la guerra sucia desde el Estado. Golpeada y desarticulada la subversión, los métodos utilizados por Sendero Luminoso y el MRTA han sido copiados por otros fenómenos violentos de las zonas urbanas, como las bandas delincuenciales que proveídas de armas de guerra, han asimilado los niveles de organización, seguimiento y operativos paramilitares de los grupos subversivos. En los barrios, las pandillas y los delincuentes más avezados han copiado, también, estos métodos violentos. Así, muchos ven a estos elementos como ejemplos a seguir, y creen que la única autoridad y respeto debe ser impuesta por la fuerza y la violencia. Desde el Estado, no existen referentes positivos visibles para los jóvenes. El estilo de gobierno, que ha caracterizado los diez años del régimen fujimontesinista, no difiere mucho del que practica el actual gobierno. Existe una justificación e imitación a un estilo de relación basada en el abuso del poder, en la violencia, en el desprecio por los derechos de los demás. En las familias, la violencia contra la mujer y los hijos se ha incrementado dramáticamente. El maltrato y abuso sexual infantil y adolescente tiene como sus principales abusadores a los propios miembros de la familia. La oficina de la DEMUNA de Comas tiene entre sus principales casos de atención, la demanda de alimentos y el maltrato físico y psicológico. Estas situaciones marcan la vida de nuestros niños y adolescentes, predisponiéndolos para soportar o descargar violentamente los traumas que llevan dentro en quienes consideran más débiles o vulnerables.

La pobreza

Si bien la pobreza no es justificación para la existencia de las pandillas, esta situación sÍ contribuye con ello. El 60% de las pandillas registradas en el año 2000 proceden de las partes altas del distrito. Los hogares de los que proceden la mayoría de los integrantes de pandillas carecen de condiciones mínimas de vivienda y, en un alto porcentaje, han abandonado sus estudios por la falta de recursos económicos o la desintegración familiar. La población de las partes altas de Comas pertenece a los grupos socio – económicos C, D y E. Los estratos de pobreza extrema se ubican en los nuevos asentamientos humanos donde carecen de servicios básicos (luz, agua, desagüe), no cuentan con pistas y veredas. Además, los padres de familia, en un buen porcentaje, tienen un bajísimo nivel educativo y la tasa de crecimiento supera el 3,0%.

La marginación y exclusión social.

La exclusión social en los adolescentes y jóvenes integrantes de pandillas se da en varios niveles:
a) en el plano familiar, porque son excluidos de ser parte de una familia integrada en la que la unidad familiar está fraccionada y la comunicación entre sus miembros, mutilada, completando una disfuncional dinámica familiar desde antes del nacimiento de algunos de ellos(as) por ser hijos(as) no deseados de sus padres.
b) Están excluidos del sistema educativo; algunos nunca han asistido, otros han desertado y muchos de ellos han terminado la secundaria sin ver en ello ninguna utilidad para su futuro.
c) No tienen acceso al mercado laboral por encontrarse en una situación de desventaja e incompetencia, carentes de capacitación, experiencia, y formación técnica y profesional.
d) Desconocimiento de sus derechos y deberes como persona, el ejercicio de la ciudadanía y su participación en el desarrollo local.
e) Desinformación de sus derechos sexuales y reproductivos; el ejercicio sexual responsable, la prevención frente a las enfermedades de transmisión sexual y SIDA, y finalmente.
f) Excluidos de la recreación, el deporte y la cultura. Esta marginalidad social tiene consecuencias funestas. Un(a) adolescente o joven excluido(a) socialmente está marginado(a) de oportunidades para su desarrollo personal y familiar. Y un(a) marginado(a) social es un(a) resentido(a) social; potencial futuro infractor de las leyes, normas y reglamentos de buena convivencia que a la postre afecta la seguridad ciudadana y cultura de paz en nuestra localidad. Esta múltiple exclusión social contribuye a crear una sub-cultura juvenil con sus propias normas, valores, conductas y expresiones de vida en la que se impone como practica el ejercicio de la violencia. Por lo general, estos adolescentes y jóvenes sienten que la sociedad poco o nada puede ofrecerles para solucionar sus necesidades o aspiraciones; y lo peor, es que muchos de ellos no se sienten parte de ella. Por ello, la sociedad, entendida ésta como sus instituciones y ciudadanos, tiene la obligación de incorporar, resocializar y reorientar estas conductas para afirmar los derechos y la participación de todos y todas en la construcción de una cultura de paz y desarrollo humano.

La pérdida de valores y habilidades sociales

El amor, el respeto, la veracidad y la honradez son valores que cada vez tienen menos vigencia al interior de las familias y la comunidad. Por otro lado, no se promueve habilidades sociales como la autoestima, la toma de decisiones y la asertividad. Esto explica por qué los(as) integrantes de pandillas tienen poca valoración de su persona y expresan sentimientos de destrucción recogidos casi siempre de su ámbito familiar: no tienen sentido de responsabilidad y generalmente, el desacierto y desatino caracterizan sus decisiones pues carecen de espacios de diálogo y comunicación adecuados para discutir sobre sus necesidades o intereses, y afrontar sus problemas personales o las situaciones que se presentan dentro del hogar.

La emoción por la violencia

Cuando en diciembre del 2000 publicamos el libro “Pandillas, Una Salida desde su Voces”, al identificar las causas y factores que originan la violencia juvenil en Comas, obviamos citar el componente psicológico, considerado la adrenalina de la violencia; composición psicobioquímica que impulsa a los jóvenes integrantes de “pandillas” a la búsqueda de nuevas sensaciones y emociones placenteras en sus aventuras y “guerreos” callejeros. Jimmy, integrante de “Los Hooligans”, manifestaba lo siguiente sobre la emoción por la violencia: “…sentimos temor a que nos pueda suceder algo grave y al mismo tiempo un gusto y placer de querer atrapar a alguien del otro bando y convertirlo en nuestro trofeo de guerra (banderas, polos, zapatillas, meterle cuchillo, etc.). No retroceder nunca…ir siempre adelante…hasta la muerte…es la consigna”. Explicación que desnuda la motivación por afrontar los peligros, las conductas temerarias, por jugar con la muerte; es una verdadera catarsis que permite la liberación emocional de sus frustraciones y tensiones temperamentales que, en otras ocasiones, se tiñe con sentimientos de pena y dolor cuando hay víctimas o heridos entre sus miembros. Los investigadores de las conductas humanas siempre han unido la violencia con el sexo y el alcohol para explicar los fenómenos juveniles. Y en nuestro medio también se repite este comportamiento. A diferencia de otros fenómenos, en la “pandillas” también se conjuga estos elementos. Pero para el caso especifico del “guerreo” principalmente; se consume el alcohol; estimulante poderoso y eufórico que les llena de valor. “Mico” de “Los Chabelos” abrevia esta explicación mencionando lo siguiente: “…el alcohol nos empila (motiva) en el “guerreo” para preparar y batutear los enfrentamientos. Por experiencia; el que está en humo (Pasta básica o marihuana) no va al choque porque te produce miedo. Tenemos temor y nos pone duros…no te puedes regalar al rival”. En resumen, el alcohol se convierte en el estimulante básico de la emoción por la violencia mostrando una mayor dosis de agresividad y violencia a la “pandilla” en sus combates cotidianos