¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por la seguridad de sus hijos?


Proteja a sus hijos del abuso sexual.

Pero ¿COMO?

QUE PUEDO HACER COMO PADRE O MADRE ??


Desde luego que como padre o madre de familia desea cuidar a sus hijos de todo corazon, debe tener presente las siguientes medidas que le seran de utilidad a la hora de proteger a sus hijos del abuso sexual de esta manera podemos contribuir a que ya no se cometan estos crimenes y mas importante aun a que no se cometan contra las personas que mas amamos.

Convertirse en la primera línea de defensa contra el abuso

¿Es usted la primera línea de defensa?

La responsabilidad de proteger a los hijos recae principalmente en los padres, no en los hijos; de ahí que sean ellos quienes deban educarse primero. Hay cosas que usted necesita saber, como por ejemplo, quienes abusan de los niños y qué tácticas siguen. Muchos se imaginan que los abusadores son extraños que acechan a los niños en las sombras para raptarlos y violarlos. Aunque sabemos por los medios de comunicación que estos monstruos sí existen, son relativamente raros. En un 90% de los casos, el agresor es una persona que el niño conoce y en quien confía.


Naturalmente, cuesta creer que un vecino, un maestro, un médico, un entrenador o un familiar afables puedan mirar con lujuria a su hijo. Y no hay razón para empezar a desconfiar de todo el mundo, pues la mayoría de la gente no hace algo semejante. Aun así, si quiere protegerlo, es preciso que conozca los métodos de que se vale el abusador típico .


Conocer sus tácticas lo preparará mejor para convertirse en la primera línea de defensa. Supongamos que alguien que parece interesarse más por los niños que por los adultos se muestra especialmente atento con su hijo, le hace regalos, se ofrece a cuidarlo en su ausencia sin cobrar o a llevarlo de excursión. ¿Qué hará? ¿Concluir enseguida que es un pervertido? No. No se precipite a sacar conclusiones, puede ser que las acciones de dicha persona sean inocentes. De todos modos, hay que estar sobre aviso. “Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra —dice la Biblia—, pero el sagaz considera sus pasos.” (Proverbios 14:15.)


Recuerde que todo ofrecimiento que parezca demasiado bueno para ser cierto seguramente lo es. Indague a fondo los antecedentes de cualquiera que se ofrezca a pasar tiempo a solas con su hijo. Hágale saber que usted puede aparecer en cualquier momento para comprobar que todo esté bien. Alicia y Fernando, un matrimonio joven con tres hijos, son muy cautelosos a la hora de dejar a uno de ellos solo con un adulto. Cuando uno de los niños tomaba clases de música en su casa, Alicia le dijo al profesor: “Estaré entrando y saliendo de la habitación mientras usted esté aquí”. Tal vigilancia pudiera parecer exagerada, pero estos padres prefieren prevenir que lamentar.


Participe decididamente en las actividades de su hijo, conozca a sus amigos, revise sus deberes escolares; si se proyecta una excursión, averigüe todos los detalles. Un profesional de la salud mental que durante treinta y tres años atendió casos de abuso sexual comenta que un gran número de ellos pudieron haberse evitado con la sola vigilancia de los padres, y cita estas palabras de un convicto por abuso: “Los padres nos sirven a sus hijos en bandeja de plata. [...] ¡Me lo ponían tan fácil!”. Recuerde que la mayoría de los abusadores buscan presas fáciles, y una forma de evitar que su hijo lo sea es implicarse de lleno en su vida.


Otra manera de ser la primera línea de defensa es saber escuchar. Los niños casi nunca hablan abiertamente del tema por vergüenza o por temor a la reacción. Así que escuche con detenimiento. Preste atención aun al más leve indicio.* Si le preocupa algo que su hijo dice, conserve la calma y hágale preguntas para que se abra.* Si él no quiere que venga cierto niñero o niñera, pregúntele por qué. Si le cuenta que un adulto juega con él a cosas raras, pregúntele: “¿Qué clase de cosas? ¿Qué te hace?”. Si se queja de que alguien le hizo cosquillas, pregúntele: “¿Dónde te hizo cosquillas?”. No reste importancia a sus respuestas. Los abusadores les dicen a los niños que nadie les creerá, y eso es lo que suele ocurrir. El hecho de que los padres crean al niño que ha sido víctima de abuso y lo apoyen constituye un gran paso hacia su recuperación.


INSTRUYA A SUS HIJOS

Una obra de consulta especializada contiene la siguiente declaración de un convicto por abuso: “Tráiganme un niño que no sepa nada de sexo, y les presentaré a la próxima víctima”. Estas escalofriantes palabras deben servir de aviso a los padres. Un niño ignorante en materia sexual es mucho más fácil de engañar. La Biblia asegura que el conocimiento y la sabiduría pueden librarnos “del hombre que habla cosas perversas” (Proverbios 2:10-12). ¿No es eso lo que usted quiere para sus hijos? Entonces, como segunda medida preventiva, edúquelos cuanto antes en esta importante cuestión.

Pero ¿cómo hacerlo? A muchos padres les resulta embarazoso hablar de sexualidad con los hijos, y más embarazoso aún les resulta a los hijos. Como no serán ellos los que saquen a relucir el tema, tome usted la iniciativa. Alicia dice: “Comenzamos desde que eran muy pequeños a enseñarles los nombres de las partes del cuerpo. En lugar de utilizar un lenguaje infantil, les hablábamos con palabras reales para mostrarles que ninguna parte del cuerpo tiene nada de raro ni vergonzoso”. Después de esto, la instrucción sobre el abuso resulta más fácil. Muchos padres sencillamente les dicen a sus chiquillos que las partes que cubre el traje de baño son privadas y especiales.

Marina, a quien mencionamos en el artículo anterior, comenta: “Jorge y yo le enseñamos a nuestro hijo que el pene es algo privado, o personal, y que nadie puede jugar con él: ni mamá, ni papá, ni siquiera el médico. Cuando lo llevo al pediatra, le explico que él va a comprobar que todo esté bien, y que por esa razón tal vez lo toque en sus partes privadas”. Ambos progenitores participan en estas breves charlas de vez en cuando, y le reafirman al niño que siempre puede acudir a ellos y contarles si alguien lo toca donde no debe o de una manera que lo haga sentir incómodo. Los expertos en el cuidado infantil y la prevención del abuso recomiendan a todos los padres que tengan este tipo de charlas.

Muchas personas han hallado útil el libro Aprendamos del Gran Maestro* para instruir a sus hijos en este tema. El capítulo 32, titulado “Cómo se protegió a Jesús”, transmite a los niños un mensaje directo y a la vez reconfortante sobre los peligros del abuso y la importancia de protegerse. “El libro nos ha venido como anillo al dedo para remachar lo que ya les habíamos dicho a nuestros hijos”, dice Alicia.

En el mundo de hoy, los niños necesitan saber que hay personas que quieren tocarlos —o hacer que ellos las toquen— de manera indebida. Estas advertencias no tienen por qué infundirles pánico ni hacer que desconfíen de todos los adultos. “Es simplemente un mensaje preventivo —dice Marina—; uno más de todos los que les damos y que en su mayoría no tienen nada que ver con el abuso. Mi hijo no está asustado por eso.”

La educación de los hijos debe incluir también una actitud equilibrada hacia la obediencia. Enseñar a un niño a obedecer es una tarea importante y difícil (Colosenses 3:20). Pero no hay que irse a los extremos. Por ejemplo, el niño al que se le inculca que tiene que obedecer siempre a los adultos, en cualquier circunstancia, es muy vulnerable al abuso. Los depredadores sexuales detectan enseguida a un niño que es excesivamente sumiso. Por consiguiente, los padres sensatos enseñan a sus hijos que la obediencia es relativa. Para los cristianos, esto no es tan difícil como pudiera parecer. Es cuestión de decir: “Si alguien te manda hacer algo que Jehová Dios dice que es malo, no le hagas caso. Ni siquiera papá o mamá tienen derecho a pedirte nunca que hagas algo que Jehová dice que es malo. Y si alguien quiere obligarte, debes contárnoslo siempre”.

Por último, enseñe a su hijo que nadie tiene por qué pedirle que tenga secretos para usted, y que en caso de que alguien lo haga, debe venir y contárselo. Aun si lo amenazan seriamente o si él ha hecho algo malo, debe acudir siempre a papá o mamá y contarles todo Para no asustarlo con estas instrucciones, tranquilícelo asegurándole que la mayoría de la gente nunca hará cosas como estas: tocarlo donde no debe, mandarle que desobedezca a Dios o pedirle que guarde un secreto; y que tal como uno planea por dónde escapar en caso de incendio, estas instrucciones son únicamente por si acaso ocurre algo, y tal vez nunca ocurra.

Cómo hablar de sexo con los hijos??

Una adolescente llamada Alicia dice: “A veces me surgen preguntas sobre el sexo, pero no me atrevo a hacérselas a mis padres para que no piensen mal”.

Su madre, Inés, admite: “Me gustaría sentarme con mi hija y hablarle de las relaciones sexuales, pero nunca encuentro el tiempo . Siempre está ocupada con sus cosas”.

EL SEXO ha dejado de ser un tema tabú en muchos lugares. Aparece en la televisión, en el cine, en las revistas e incluso en los publicitarios. Parece que el único ámbito en el que sigue siendo intocable es entre padres e hijos. “Ojalá los padres supieran la vergüenza que nos da hablar de sexo con ellos —dice Michael, un adolescente canadiense—. Es mucho más fácil preguntarle a un amigo.”

Curiosamente, a los padres también les incomoda hablar de este asunto con los hijos. Debra W. Haffner, educadora sexual y autora de un libro sobre el tema, dice: “Muchos padres reconocen que, llegado el momento, lo único que hicieron fue dejar un libro sobre la sexualidad y la pubertad en la habitación de su hijo” (Beyond the Big Talk). Según esta profesional, el mensaje que los padres le están dando es muy claro: “Queremos que sepas de sexo y de cómo va a cambiar tu cuerpo, pero no queremos ser nosotros quienes te hablen de ello”.

Pero los padres responsables saben que no pueden eludir este tipo de conversaciones. Hay tres razones principales para ello:

1. El sexo se ha diversificado. “Hoy el sexo no se limita a las clásicas relaciones sexuales entre marido y mujer —admite un joven de 20 años llamado James—. Ahora existe el sexo oral, el sexo anal... ¡hasta el sexo por Internet y por el celular!”

2. Los niños están expuestos a información errónea desde pequeños. Una madre llamada Sandra dice: “Desde que empiezan la escuela, oyen hablar de las relaciones sexuales, por lo que pueden desarrollar una visión distorsionada del sexo”.

3. Los hijos sienten curiosidad, pero no se atreven a preguntar. “Para ser francos, no tengo ni idea de cómo comenzar una conversación con mis padres sobre sexo”, admite Ana, una joven brasileña de 15 años.

Dios ha encomendado a los padres el cuidado de los hijos, y esto incluye educarlos en cuestiones sexuales (Efesios 6:4). Es cierto que hablar del tema puede abochornar tanto a padres como a hijos. Pero Daniela, de 14 años, da una buena razón para hacerlo: “Los hijos preferimos que sean nuestros padres quienes nos informen acerca del sexo, y no los maestros o la televisión”. Entonces, ¿cómo pueden abordar los padres este delicado tema?

Información de acuerdo con su edad

A menos que vivan aislados del resto del mundo, los niños de hoy empiezan a oír hablar de sexo cuando todavía son pequeños. Por si esto fuera poco, en estos “últimos días”, la gente malvada va “de mal en peor” (2 Timoteo 3:1, 13). Y como resultado , muchos niños son víctimas de los deseos pervertidos de algunos adultos sin escrúpulos.

De ahí la importancia de que los padres empiecen a educar a sus hijos cuanto antes. Renate, una madre alemana, advierte: “Si se espera a que sean casi adolescentes, nos arriesgamos a que las inhibiciones propias de esa etapa les impidan preguntarnos”. Entonces, ¿cuál es la solución? Ir dándoles información poco a poco.

Durante la infancia:

Antes siquiera de ir a la escuela, deben aprender los nombres de los órganos sexuales y, sobre todo, que nadie puede tocarlos. “Empecé a hablarle del tema a mi hijo cuando tenía tres años —dice Julia, una mujer de México—. Me preocupaba lo que pudiera hacerle algún maestro, una niñera o un niño mayor. Tenía que aprender a defenderse.”

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO?

Los niños deben aprender a reaccionar con firmeza si alguien intenta tocar sus partes íntimas. Enséñenles a decir algo como: “¡No me toques! ¡Se lo voy a decir a mi mamá!”. Recálquenles que siempre deben contar lo que esa persona ha hecho, aunque les amenace o les prometa regalos  para que no lo hagan.

Cuando están en la escuela primaria:

Aprovechen estos años para hablarles más del tema. Un padre llamado Peter aconseja: “Antes de decir nada, sondeen qué es lo que ya saben de sexo y si quieren saber más. No los obliguen a hablar. Pasen tiempo con sus hijos y verán que el tema surge naturalmente”.

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO?

Es mejor que tengan muchas conversaciones breves, y no una muy larga y abrumadora (Deuteronomio 6:6-9). Así podrán darles la información que necesitan de acuerdo con su grado de madurez.

En la adolescencia

Asegúrense de que sus hijos comprenden las cuestiones físicas, emocionales y morales implicadas. “En mi escuela, muchos tienen relaciones sexuales —cuenta Ana, la joven de 15 años citada antes—. Por muy incómodo que resulte hablar de sexo, tengo que conocer el tema para mantener mi postura cristiana.”

Una advertencia: Existe la posibilidad de que el hijo no saque el tema por miedo a lo que sus padres piensen de él. “Nuestro hijo no quería hablar de sexo —explica un padre llamado Gerardo—. Con el tiempo supimos la razón: pensaba que sospechábamos de él. Enseguida le aclaramos que no creíamos que estuviera teniendo relaciones sexuales. Solo queríamos asegurarnos de que estaba preparado para contrarrestar presiones externas.”

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO?

En vez de preguntarles directamente a sus hijos qué opinan sobre una cuestión en particular, pregúntenles qué opinan sus compañeros de clase. Podrían decirles: “Mucha gente cree que el sexo oral en realidad no es sexo. ¿Piensan lo mismo tus compañeros?”. De este modo es más probable que les hablen con franqueza. Vale la pena pasar la vergüenza

Para muchos padres habrá pocas cosas tan difíciles como hablar de sexo con sus hijos. Pero el esfuerzo vale la pena. Como explica Diana: “Con el tiempo, la incomodidad desaparece, y estas conversaciones te acercan más a tus hijos”. Gerardo, citado antes, piensa igual: “Si la familia se acostumbra a hablar con claridad de lo que sea, poco a poco se hace más fácil abordar temas delicados como el sexo”. Y  luego añade: “Uno nunca se siente cómodo del todo, pero una comunicación franca contribuye al bienestar de la familia cristiana”.

Preguntas para pensar

A continuación se presentan los comentarios de algunos jóvenes de diferentes partes del mundo. Después de cada uno encontrarán una pregunta en la que pueden reflexionar.

“Mis padres me dicen que lea sobre el tema y que después los aborde si tengo alguna duda. Pero yo preferiría que fueran ellos quienes vinieran y me hablaran de sexo.” (Ana, de Brasil.)

¿Por qué no basta con que le den a su hijo revistas o libros sobre el tema?

“He oído cosas sobre el sexo que mi padre ni se imagina que existen. Si le hablara de ellas, se escandalizaría.” (Ken, de Canadá.)

¿Por qué podría ser que su hijo no se atreviera a hacerles ciertas preguntas sobre sexo?

“Cuando por fin me armé de valor para hablar con mis padres, me sometieron a un interrogatorio: ‘¿Por qué preguntas eso? ¿Qué has hecho?’.” (Masami, de Japón.)

Si su hijo les pregunta sobre sexo, ¿cómo deben reaccionar para que se sienta libre de seguir haciéndolo en el futuro?

“Me tranquilizaría mucho que mis padres me dijeran que es normal que me haga preguntas y que ellos también se las hacían a mi edad.” (Lisette, de Francia.)

¿Cómo pueden crear un clima de confianza para que su hijo se sienta cómodo al hablarles de sexo?

“Mi madre nunca usaba un tono acusatorio al preguntarme sobre temas sexuales. Creo que eso es importante para que no  nos sintamos juzgados.” (Gerald, de Francia.)

ENSEÑELES ACCIONES DE DEFENSA BASICAS

Enseñar a los hijos acciones sencillas para protegerse en caso de que alguien intente aprovecharse de ellos y usted no esté presente . Un método muy recomendado es hacerlo en forma de juego. Los padres preguntan: “¿Qué harías si...?”, y el niño contesta. Por ejemplo: “¿Qué harías si estuviéramos en un supermercado y te perdieras? ¿Cómo me encontrarías?”. Quizá la respuesta no sea precisamente la que usted espera, pero puede servirle para formular otras preguntas, como “¿Se te ocurre una idea mejor?”.

También se puede preguntar al niño qué debería hacer si alguien tratara de tocarlo de manera indebida. Si se espanta con estas preguntas, cuéntele una historia usando como personaje a otro niño. Por ejemplo: “Si una nena está con un familiar muy querido y él intenta tocarla donde no debe, ¿qué crees que debería hacer ella para protegerse?”.

¿Cómo puede enseñar a su hijo a afrontar una situación como la anterior? Note la recomendación que da cierto escritor: “Un rotundo ‘¡No!’ o ‘¡No hagas eso!’ o ‘¡Déjame en paz!’ son recursos muy eficaces para ahuyentar a los abusadores y hacer que lo piensen dos veces antes de elegir a su víctima”. Haga pequeñas representaciones hasta que el niño sea capaz de rechazar con firmeza al agresor, salir corriendo y contárselo a usted enseguida. Y aunque parezca que ha aprendido bien la lección, se l e puede olvidar al cabo de unas semanas o meses; así que ensaye con regularidad.

Todos los implicados en el cuidado del niño, incluidos los varones —el padre, el padrastro y otros parientes— deben intervenir en estas charlas. ¿Por qué? Porque, de ese modo, todos le estarán prometiendo que nunca cometerán contra él este tipo de ultraje. Lamentablemente, muchos casos de abuso sexual se dan en el seno familiar.

Los expertos afirman que muchos niños que han sufrido abusos envían señales no verbales. Por ejemplo, el menor que experimenta una regresión en su comportamiento —como volver a orinarse en la cama, pegarse en exceso a los padres o tener miedo de quedarse a solas— quizás esté enviando señales de que algo malo le está pasando. Desde luego, estos síntomas no son una prueba concluyente de abuso. Por eso, sondee calmadamente a su hijo para saber qué le afecta y así poder consolarlo, tranquilizarlo y protegerlo.

A fin de simplificar la redacción, emplearemos el género masculino para referirnos al abusador y a la víctima; no obstante, los mismos principios se aplican al género femenino.

(Editado por los testigos de Jehová)

HAGA DE SU HOGAR UN REFUGIO SEGURO

“SIN [...] cariño natural.” Con estas tristes palabras describe la Biblia a muchas personas de nuestro tiempo, período al que llama “los últimos días” (2 Timoteo 3:1, 3, 4). La epidemia del abuso infantil en la familia es una clara prueba de la veracidad de esta profecía. En efecto, el término griego original á·stor·gos, traducido al español “sin cariño natural”, da a entender la ausencia del amor que debe existir entre los miembros de la familia, especialmente entre padres e hijos. Con demasiada frecuencia es en este ámbito donde se produce el abuso infantil.

Algunos investigadores sostienen que el depredador sexual más común es quien asume la figura paterna, aunque también es corriente que lo sean otros familiares varones. Si bien la mayoría de las víctimas son niñas, se abusa asimismo de muchos niños. El número de mujeres abusadoras no es tan bajo como pudiera suponerse. Quizás los casos que menos se denuncian son los de incesto entre hermanos, en los que un hermano mayor o más fuerte acosa o seduce a uno menor o más débil. Seguramente a usted, querido lector, le producirán asco tales actos.

¿Cómo evitar que estas cosas ocurran en su familia?

Para ello es preciso que cada miembro conozca y valore ciertos principios que impiden que uno se comporte de manera abusiva. El mejor lugar para hallar dichos principios es la Palabra de Dios, la Biblia.

La Palabra de Dios y las relaciones físicas

A fin de que la familia sirva de refugio, sus integrantes tienen que seguir las reglas morales de la Biblia. La Palabra de Dios aborda el tema de la sexualidad sin mojigaterías; aunque conserva el decoro, es franca y directa. Enseña que Dios creó la intimidad sexual para el goce de los casados (Proverbios 5:15-20). Al mismo tiempo, desaprueba los actos sexuales fuera del matrimonio; por ejemplo, condena tajantemente el incesto. Note estas palabras en particular del capítulo 18 de Levítico, donde aparece una extensa lista de relaciones incestuosas prohibidas: “No deben acercarse ustedes, ningún hombre de ustedes, a nadie que sea parienta carnal próxima de él para poner al descubierto [su] desnudez [es decir, para tener relaciones sexuales]. Yo soy Jehová” (Levítico 18:6).

Jehová incluyó el incesto entre las “cosas detestables” que se castigaban con la pena de muerte (Levítico 18:26, 29). Está claro, pues, que el Creador tiene normas muy elevadas al respecto. Hoy día, muchos gobiernos ven el asunto de la misma manera, y por eso declaran ilegal el abuso sexual de menores en la familia. Por lo general, sus legislaciones consideran que mantener relaciones sexuales con un menor es una violación. ¿Por qué emplean un calificativo tan duro si no hay fuerza de por medio?

Las autoridades están empezando a reconocer lo que la Biblia ha dicho siempre sobre los niños, a saber, que son incapaces de razonar como los adultos. Por ejemplo, Proverbios 22:15 sostiene que “la tontedad está atada al corazón del muchacho”. Y el apóstol Pablo escribió por inspiración: “Cuando yo era pequeñuelo [...], pensaba como pequeñuelo, razonaba como pequeñuelo; pero ahora que he llegado a ser hombre, he eliminado las cosas características de pequeñuelo” (1 Corintios 13:11).

Un niño no alcanza a entender la real magnitud de los actos sexuales ni a imaginarse las consecuencias a largo plazo. Por ello, existe un consenso general de que los menores no están en situación de dar un consentimiento válido para tener relaciones sexuales. En otras palabras, el adulto (o el joven mayor) que tiene relaciones con un menor no puede justificarse argumentando que este no puso objeciones o que se lo buscó. El adulto es culpable de violación, lo que constituye un castigado comúnmente con pena de prisión. La culpa de la violación recae sobre el violador, no sobre la inocente víctima.

Tristemente, la mayoría de estos delitos quedan impunes. En Australia, por ejemplo, se calcula que solo el 10% de los agresores son enjuiciados, y pocos son declarados culpables. Lo mismo sucede en otros países. La verdad es que los gobiernos pueden hacer poco para proteger a la familia cristiana; ahora bien, aplicar los principios bíblicos logra mucho más.

Los verdaderos cristianos reconocen que el Dios que mandó incluir estos principios en su Palabra no ha cambiado. Él conoce todos nuestros actos, hasta los que realizamos fuera de la vista de los demás. Como dice la Biblia, “todas las cosas están desnudas y abiertamente expuestas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).

Dios nos pedirá cuentas si quebrantamos sus leyes y lastimamos a otros; pero, en cambio, nos bendecirá si obedecemos sus mandatos sobre la vida familiar, que son tan útiles. ¿Cuáles son algunos de ellos?

Una familia unida por el amor

‘El amor es un vínculo perfecto de unión’, asegura la Biblia (Colosenses 3:14). El amor del que hablan las Sagradas Escrituras es más que un sentimiento. Se define por las cosas que nos motiva a hacer y a evitar (1 Corintios 13:4-8). Mostrar amor en la familia significa tratar a cada uno de sus miembros con dignidad, respeto y bondad. Significa verlos como los ve Dios, quien ha asignado a cada cual una función honorable e importante.

El padre, como cabeza de la familia, ha de ser el primero en manifestar amor. Entiende que su papel no le da licencia para ser un tirano ni abusar de la autoridad que tiene sobre su esposa e hijos. Por el contrario, procura imitar la forma en que Cristo ejerció su autoridad (Efesios 5:23, 25). Por eso es tierno y amoroso con su esposa, y paciente y dulce con sus hijos.

Los protege lealmente y da todo de sí para evitar cualquier cosa que pueda robarles la paz, la inocencia o su sensación de confianza y seguridad.

De igual modo, la esposa y madre desempeña una función de mucha dignidad e importancia. La Biblia utiliza el instinto protector que manifiestan las madres en el reino animal para ilustrar la protección que Jehová y Jesús brindan a sus siervos (Mateo 23:37). Así mismo, la madre humana protege incondicionalmente a sus hijos. Está dispuesta a sacrificar su propia seguridad y bienestar por la de ellos porque los ama. Ni ella ni el padre abusan del poder ni recurren a la intimidación en su trato mutuo o con los hijos; tampoco permiten que estos lo hagan con sus hermanos

Cuando los miembros de la familia se tratan con respeto y dignidad, hay buena comunicación. Dice el escritor William Prendergast: “Todos los padres deben mantener una comunicación diaria, constante y estrecha con sus hijos pequeños o adolescentes”, y añade: “Esta parece ser la mejor solución al problema del abuso sexual”. De hecho, la Biblia recomienda este tipo de comunicación constante y amorosa (Deuteronomio 6:6, 7). Si se sigue dicha pauta, el hogar se convierte en un lugar donde todos pueden sentirse seguros y expresarse con total libertad.

Es cierto que vivimos en un mundo malvado y no es posible prevenir todos los casos de abuso; pero contar con un hogar seguro es una bendición de Dios. Si un miembro de la familia sufre daño fuera, sabe adónde correr a buscar consuelo y compasión. Un hogar así es un verdadero remanso en medio de un mundo plagado de problemas. ¡Que Dios corone con éxito sus esfuerzos por hacer de su casa un refugio seguro!

CONSEJOS PARA UN HOGAR SEGURO

Internet. Si sus hijos tienen acceso a Internet, necesitan instrucciones para su uso seguro. Existen innumerables sitios pornográficos, salas de charla y otras redes sociales donde los pedófilos buscan niños y los seducen. Conviene instalar la computadora en un lugar visible donde los padres puedan controlar fácilmente su uso. Los niños nunca deben revelar datos personales sin la autorización de los padres ni acudir a citas con nadie a quien hayan conocido en la Red (Salmo 26:4).

Bebidas alcohólicas. En muchos casos, el alcohol ha sido un factor del abuso infantil. La experiencia indica que los adultos que beben en exceso tienden a perder sus inhibiciones, y algunos ceden a deseos que de otro modo habrían reprimido. Este peligro es una razón más para seguir el consejo bíblico de no embriagarse ni beber en demasía (Proverbios 20:1; 23:20, 31-33; 1 Pedro 4:3).

Privacidad. Una mujer relata: “Después de que mi madre murió, mi padre era el único en casa que tenía cortinas en las ventanas y puerta en el dormitorio. Los demás no teníamos privacidad, ni siquiera en el baño”. Este hombre abusó de todas sus hijas. Los miembros de la familia deben entender la importancia de la privacidad. Tal como los padres necesitan sus momentos de intimidad, también los hijos necesitan más privacidad a medida que van creciendo. Los buenos padres tratan a los demás como les gustaría que los trataran a ellos (Mateo 7:12)